Oriunda de Brasil, la emprendedora Ieda Alvez de Araujo comenzó a dedicarse a la costura en el taller de su hermana, donde descubrió su interés en las confecciones enfocadas a los niños y comenzó a desarrollar su propio proyecto. Por 18 años, se dedicó a la creación de disfraces, títeres y juegos que estimularan el desarrollo de los menores, buscando entregar algo diferente e innovador. Hace ocho años que Ieda reside en Chile, lugar donde no conocía el mercado ni tenia contacto con pequeños, esto hasta que nacieron sus nietas. Así, inició nuevamente la fabricación de sus creaciones, llegando hoy incluso a trabajar con escuelas y jardines.

Los productos que ofrece Alvez de Araujo consisten en accesorios educativos, libros de actividades, proyectos sensoriales, juegos de cuenta cuentos, rompecabezas, etc. Con estos, se busca incentivar el desarrollo de la motricidad fina, la capacidad psicomotora, el aprendizaje de los colores, los números, las palabras, e incluso de las matemáticas, en los más pequeños del hogar. Para Ieda, trabajar con lo sensorial es una metodología poco conocida pero muy fructífera en el desarrollo de los menores.

Para ella, este emprendimiento significa el desarrollo de su vida en una forma gratificante. “Yo busco trabajar y vivir de esto que me da satisfacción propia. Es algo que me encanta, me apasiona. Entonces pienso que, si lo es para mí, puede serlo para los niños”, señala Ieda sobre que la mueve en su emprendimiento.

Alvez de Araujo fue parte de las capacitaciones Warmi, gestionadas por Gesproa, donde se les enseño a mujeres emprendedoras sobre la formalización de empresas, networking, y todos los puntos necesarios para desarrollar sus negocios. “En otras capacitaciones no encontré ningún beneficio, pero en Warmi uno hace un curso y le dan ganas de hacer otro, de participar. Hay una atención. Para uno que no sabe nada lo más importante es tener una atención, alguien que te conteste. Yo que soy extrajera paso por muchos prejuicios por falta de información y Warmi me empoderó. Me esclareció, me abrieron las cortinas que estaban cerradas”, comparte Ieda sobre su experiencia con Gesproa.